El
secreto encanto de la Desincronía
El temor a las diferencias, las conductas anacrónicas
de padres, tíos y demás familiares, lo no esperado
por los otros, etc. ¿Cuántas cosas alguno de
ustedes ha omitido decir o exponer (y las reservó)
por temer quedar en un estruendoso ridículo, ideas
descabelladas, o la manifestación de una conducta “fuera
de lugar”?
Este es el centro de la cuestión: la falta de sincronía
o el síndrome de “Desincronía”
entre lo esperado y lo emitido. Ese es uno de los aspectos
más pobremente tratados por la literatura psicológica
referida a la alta inteligencia.
¿Qué se espera entonces de un niño superdotado?
TODOS sus pensamientos y acciones deberán ser coherentes
de acuerdo a lo manifestado por su preclara inteligencia,
y ésta deberá tener, concomitantemente, respuestas
sociales ADULTAS y LÓGICAS. Sin embargo, vemos en la
práctica que la cosa no funciona así. Una de
las características más llamativas de la superdotación
infantil consiste en la ecuación que se manifiesta
entre el sentido del humor agudo, las respuestas inteligentes
y el infantilismo crónico e intermitente.
La literatura infantil siempre ha mostrado dos interesantes
perfiles del niño díscolo y travieso, no exento
de creatividad. Uno de estos será la imagen del niño
“outsider”, que deambula por los pastizales, alegre
y autónomo, creador de grandes bromas y juegos, pero
definitivamente alejado del entorno. La otra imagen corresponde
al organizador, líder frío y con sentido de
humor sardónico, manipulador y dirigente eficaz.
Ambas imágenes hablan de este factor disfuncional
de las emociones, y lo más interesante de este fenómeno
de estudio es lo que se espera de él, a lo que responde
con estereotipos o modelos rígidos. La desinformación
ha creado –lamentablemente- una idea distorsionada del
niño con amplios recursos intelectuales, ya que se
estima será “serio” y mostrará la
imagen de un pequeño adulto, con respuestas justas
y siempre inteligentes. Esto lleva a confusiones diagnósticas,
ya que circula la idea difundida durante los años cincuenta,
que el niño superdotado hará cálculos
de diez números y jugará cincuenta partidas
de ajedrez a ciegas, constituyéndose en un fenómeno
de circo, lejano, serio y vanidoso.
El sentido de la contradicción es uno de los elementos
más puros de la superdotación: el niño-adulto.
El razonamiento excepcional mechado de el chiste o la broma
inocente, la riza fácil, el juego en general. Justamente
muchas veces su misma vida se plantea como un juego, un cierto
pasatiempo, con profundos razonamientos acerca del mundo con
agudo sentido e lo lúdico y a la vez el desarrollado
planteo mesiánico. Ángeles y demonios, simultaneidad
de factores que conviven en un engrama muchas veces difícil
de abordar desde la horizontalidad cotidiana.
¿Cómo podríamos encarar esta suerte
de contradicción que s instaura entre lo esperable
y lo esperado? ¿Por qué los programas docentes
jamás han contemplado este fenómeno de la Desincronía?
¿Por qué la sociedad “espera” conductas
lineales de acuerdo a estereotipos?
La respuesta no es difícil. Todo aquello que salga
de la regla “esperada” deberemos rápidamente
conducirlo a la media poblacional, so pena de ser excluido
del rebaño. Un niño superdotado DEBE SER superdotado;
uno término medio deberá seguir siendo término
medio. La estructura social manejará esto con gran
maestría y no aceptará cambios, en tanto y en
cuanto el superdotado no saque los pies del plato. Ni un niño
carenciado podrá ser nunca superdotado ni un superdotado
surgirá del mundo de los carenciados. Sólo un
monstruoso cuento fantástico de Sturgeon o un manuscrito
no revelado que continúe Un Mundo Feliz podría
plantearnos el terrible encuentro con una generación
de niños carenciados que por obra y gracia de buena
alimentación, juguetes y afecto se convierten en conjunto
en superdotados.
La superdotación lleva en sí misma el terrible
estigma de la contradicción (...) si la sociedad y
los cuerpos especializados, los burócratas de turno,
no se encargan de trabajar estas temáticas, las paradojas
aumentarán (...) Es todo un desafío que solo
se puede trabajar en conjunto, no aisladamente del contexto,
ni mucho menos armando rígidos modelos referenciales.
El niño superdotado posee cosas y carece de cosas.
El interesante trabajo consiste en dirigir esas positividades
hacia fines constructivos, siempre considerando que el fin
último es la libertad.
Lic. en Psicología Carlos Allende
Doctorado en curso por la Universidad del Salvador.
Orientación cognitiva para adultos.
Asesoramiento para padres referido a temas sobre adolescentes
y temáticas sobre la superdotación infantil.
Presidente honorario y psicólogo evaluador de Mensa
Argentina.(www.mensa.com.ar)
Email: mensa_cea@yahoo.com.ar
Teléfono : (011) 1557307629
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